Finanzas

Infografía que muestra una persona sosteniendo un holograma de una aplicación de tradding.
Bobobo ganó un reto de riesgo invirtiendo su dinero en bolsa.

Llevaba un tiempo sin saber qué escribir en el blog y el jueves me reuní con Miguel y mantuvimos una conversación que me hizo reflexionar. Estuvimos un rato poniéndonos al día y, a raíz de preguntarle por los regalos que le apetece que le hagamos por su cumpleaños, empezamos a hablar de finanzas personales. Me explicó que, tras darse cuenta de que su banco no le daba apenas ningún rendimiento por un depósito que llevaba años manteniendo, se decidió a invertir en otros instrumentos financieros.

A los dos nos preocupa estar preparados para el futuro y coincidimos en que, desgraciadamente, existe muy poca educación financiera y fiscal, que nos proporcionaría habilidades muy necesarias para un ciudadano de a pie actual. También en que, con un capital reducido, como el nuestro, no podemos invertir en según qué activos. Sin embargo, cuando me contó que se ha informado mucho y que ahora mismo está muy pendiente del mercado, yo le respondí que no tengo la energía necesaria, que una microgestión de las finanzas requiere la misma atención que demandaría un trabajo, y que yo me conformo con dejar el dinero invertido en algo más o menos estable y así poder olvidarme del tema. Me acordé de que hace años algunos de mis amigos invirtieron en CFDs y se retiraron al poco, sin haber conseguido gran cosa.

Después, cuando me acosté, estuve pensando en cómo encaja todo esto conmigo. Para empezar, algo en lo que creo fuertemente es en que el amor es la fuerza creadora del mundo, o el bien, y el miedo es la principal fuerza destructora o el origen del mal. Así pues, dudo de si el miedo al qué tendré, ¿podré vivir bien? es un buen motivo para invertir. Más aún, dudo de si ese es el verdadero motivo o más bien es el banco, el sistema, se está aprovechando de mí, mis amigos son más listos que yo y están consiguiendo un mejor rendimiento por su dinero. Aunque creo que preocuparse por el futuro es algo legítimo y yo mismo le insisto a Naira para que lo haga. Por otra parte, tengo muy presente el concepto de no es más rico el que más tiene, si no el que menos necesita y pienso habitualmente en Hirayama de Perfect Days y en lo atractivo que me resulta su modo de vida, pero, ahora me pregunto, ¿es realmente posible?, ¿qué sucedería si se jubilara, tendría para vivir? Y, por último, dadas mis raíces cristianas, también medito en si este egoísmo, este culto al dinero, no es de lo que nos previene el Evangelio. Nos preocupamos únicamente de nosotros mismos porque nadie se preocupa de los demás, y así nos va. Si nos preocupásemos por que a nuestro prójimo no le faltase de nada y nos conformáramos con tener lo necesario para vivir, ¿de verdad necesitaríamos saber algo sobre mercados e inversiones financieras? Lo cual enlaza con el memento mori, y si me muero mañana, ¿realmente quiero invertir mi tiempo en especular con los mercados?

No sé qué conclusión sacar de todo esto. Seguiré pensando en ello.


Escuchando: La Calle Elfo — Alcalá Norte

Viendo: Prometheus — Ridley Scott